Dos estadounidenses, dos dioses
5 de abril de 2026 (EIRNS) —Hace un año, el Domingo de Pascua, el Presidente Trump compartió en Truth Social lo que él denominó “la regla de oro de la negociación y el éxito”: “QUIEN TIENE EL ORO, HACE LAS REGLAS”.
Un año después, el oro no ha hecho las reglas. Lo que ha hecho es provocar una guerra.
Este Sábado Santo, Trump publicó: “¿Recuerdan cuando le di a Irán diez días para LLEGAR A UN ACUERDO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ? Se acaba el tiempo: quedan 48 horas antes de que se desate el infierno sobre ellos. ¡Gloria a DIOS!”.
“Gloria a DIOS”. Añadido a una amenaza de destrucción masiva contra una población civil, en el fin de semana más sagrado del calendario cristiano. La cuestión es la brutalidad de la invocación. En el almuerzo de Pascua de la Casa Blanca, el 1 de abril, la pastora Paula White-Cain le dijo al Presidente: “Porque Él resucitó, todos sabemos que podemos resucitar y, señor, gracias a Su resurrección, usted resucitó. Porque Él salió victorioso, usted salió victorioso”. La Casa Blanca publicó y luego borró el vídeo en cuestión de horas.
Desde Roma llega otra voz, la de otro estadounidense. El Papa León XIV declaró el Domingo de Ramos que “Jesús es el Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede utilizar para justificar la guerra. Él no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza”. Haciéndose eco de Isaías, dijo: “Aunque hagáis muchas oraciones, no os escucharé: vuestras manos están llenas de sangre”.
Con motivo de la Pascua, recordemos una filosofía diferente:
“Así que, en todo, tratad a los demás como queréis que os hagan a vosotros”, dijo Jesús en su Sermón de la Montaña, según Mateo.
Citamos de Mateo 5:
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque él hace salir su Sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos.
“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que los demás? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
“Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
Tanto la “regla de oro” de Trump como la invocación de su gobierno de la bendición de Dios para su guerra impía, glorifican el poder bruto por encima de los principios. Es una cosmovisión en la que la justicia, la verdad y la virtud son irrelevantes, si uno es lo suficientemente rico o poderoso como para alcanzar sus objetivos. Niega la idea de que las normas deban provenir de la ley natural, la razón y el consentimiento de los gobernados, a favor de la perspectiva de “la fuerza hace el derecho” de Trasímaco, tan devastadoramente refutada por Sócrates en el primer libro de la República de Platón.
En la obra de Cotton Mather se encuentra un concepto diferente de la “regla de oro”, cuyos Ensayos para hacer el bien fueron, a excepción de la Biblia, el escrito que más influyó en Benjamin Franklin. “Si he sido, como parece pensar usted, un ciudadano útil”, escribió Franklin en 1784, “el público le debe esa ventaja a ese libro”.
En ortografía modernizada, Mather escribe que hay mucho por hacer, “para que las miserias del mundo puedan tener remedios y alivios; y para que las personas que viven en miseria puedan ser aliviadas y consoladas... ¡Qué amplio campo hay entre todo esto para hacer el bien!”.
La propuesta de Mather: “Que nos propongamos y nos esforcemos por hacer todo el bien que podamos en el mundo”, esa es la verdadera regla de oro.
El Lunes de Pascua, 6 de abril, EIR actuará para hacer el bien convocando una Mesa Redonda de Emergencia sobre el “Diálogo de Civilizaciones: ¿Hay tiempo para impedir que la guerra contra Irán se convierta en un conflicto nuclear mundial?” que reunirá a pensadores estratégicos y representantes de Irán, Estados Unidos, Europa, China y el Sur Global, entre ellos el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y el embajador iraní Abolfazl Pasandideh. La premisa: no hay nada más “poco práctico” que permitir que esta guerra se convierta en un conflicto nuclear. La alternativa es el Plan Oasis: reconstrucción, corredores de desarrollo, desalinización y un diálogo de civilizaciones que construya lo que no puede ser destruido por las bombas.
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