Peor que la traición: El verdadero motivo detrás del Rusiagate

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Introducción

La directora de Inteligencia Nacional (DNI) Tulsi Gabbard desclasificó el 18 de julio una serie de documentos concernientes con la narrativa falsa de que Rusia se había inmiscuido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2016 en beneficio de Donald Trump, lo cual condujo a la derrota de la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton. Gabbard declaró: "La información que estamos liberando hoy muestra claramente que hubo una conspiración para cometer traición en el 2016 por parte de funcionarios de los más altos niveles de nuestro gobierno. Su propósito era subvertir la voluntad de los estadounidenses y ejecutar lo que esencialmente era un golpe de Estado de años con el objetivo de tratar de usurpar que el Presidente pudiese cumplir con el mandato que le fue dado por el pueblo estadounidense”.

La verdad de las cosas es mucho peor que eso, y sí involucra a un gobierno extranjero, pero no es Rusia, ni China, Irán, Corea del Norte, Venezuela, o Cuba. Este gobierno extranjero intentaba socavar el primer período del Presidente Donald Trump y también el segundo, con el propósito de colocar a Estados Unidos en una trayectoria mortal hacia una guerra nuclear contra Rusia, que podría acabar con la existencia de la especie humana. Ese gobierno es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que es supuestamente nuestro "socio especial". Y esa operación está en marcha todavía.

The LaRouche Organization (La Organización LaRouche) tiene una autoridad única en esta materia, dado que los asociados del finado Lyndon LaRouche saben muy bien cómo el ex candidato presidencial estadounidense (LaRouche) fue difamado y vilipendiado por décadas por identificar al imperio británico, incluyendo a la monarquía británica y a la City de Londres, por orquestar numerosas guerras, golpes de Estado, y asesinatos, incluyendo a Presidentes de Estados Unidos, por 250 años desde el final de la exitosa Guerra de Independencia de Estados Unidos.

Lo que tienen que saber los estadounidenses es que el plan del imperio británico de empujar a Estados Unidos en contra de Rusia fue lanzado por el Primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, ¡incluso antes de que la Segunda Guerra Mundial hubiera terminado! El 22 de mayo de 1945, a solo dos días del Día de la Victoria en Europa, cuando la guerra se libraba todavía en el Pacífico, sir Winston Churchill emitió un informe titulado "Operación Impensable", cuyo propósito claramente establecido era: "El objeto general o político es imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y el imperio británico". Churchill propuso que se lanzara ¡una invasión a Rusia tan pronto como el 1º de julio de 1945!

La decisión de lanzar las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki exactamente hace 80 años, que asesinó a cientos de miles de personas cuando los japoneses ya se encontraban haciendo negociaciones para rendirse por medio del Vaticano y otros canales, se tiene que entender desde la perspectiva del plan de Churchill. Las bombas atómicas no hicieron nada para que la guerra terminara, que de hecho ya estaba sucediendo, lo que hizo fue enarbolar la primera fase de la deseada guerra nuclear preventiva de Churchill contra Rusia.

El famoso "Discurso de la Cortina de Hierro" de Churchill en Fulton, Missouri, en marzo de 1946, tenía el propósito de llevar a los estadounidenses a que participaran en su plan, y trajo como resultado la Guerra Fría que se extendió hasta que cayó el Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Mucho después de la disolución de la Unión Soviética, la revista londinense The Economist publicó en marzo del 2007 un editorial titulado, "The European Union at 100", en el que hacía un llamado al "Presidente Obama" (un año completo antes de que se hubiesen llevado a cabo las elecciones primarias demócratas) para que amenazara al Presidente Putin con armas nucleares para evitar que invadiese a Ucrania. Este escenario futuro "imaginario" destacadamente premonitorio, se lee, en retrospectiva, como un libreto para los acontecimientos que sucedieron desde fines de 2013, cuando el gobierno de Obama (en complicidad con la inteligencia británica) derrocó al gobierno electo de Ucrania, y colocaron a un régimen completamente pronazi con tatuajes de esvásticas que hacían marchas con antorchas para celebrar al conocido asesino de masas, Stepan Bandera.

El motivo por el cual el imperio británico orquestó un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia fue para que Gran Bretaña pudiera consolidar un imperio financiero global basado en la despoblación y el saqueo de materias primas y de los trabajadores. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) de China, y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) del BRICS, lanzados en 2013 y en 2014, respectivamente, plantean una amenaza enorme para lo que el rey Carlos ha dado en llamar "Gran Bretaña Global". Los británicos se disponen a perturbar estos acontecimientos a toda costa. El temor de Gran Bretaña y de sus homólogos de Estados Unidos era que el deseo del Presidente Donald Trump de tener "buenas relaciones" tanto con Rusia como con China, trastocaría su marcha hacia una dictadura financiera. Es por esto que tenían que sabotear las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. La narrativa del Rusiagate sirvió a ese propósito bastante bien.

Lo que la directora de Inteligencia Nacional Gabbard ha publicado hasta ahora, muestra que en agosto, septiembre, y principios de diciembre del 2016, la comunidad de inteligencia había determinado que Rusia no tenía ni la capacidad, ni estaba interesada en hackear la infraestructura electoral de Estados Unidos para afectar el resultado de las elecciones presidenciales. Sin embargo a pesar de eso, el 9 de diciembre del 2016, el Presidente Obama convocó a una reunión en la Casa Blanca que incluyó a John Brennan, director de la CIA; a James Comey, director del FBI; a Loretta Lynch, fiscal general; a John Kerry, secretario de Estado; a Victoria Nuland, secretaria de Estado Adjunta; a Susan Rice, asesorade Seguridad Nacional, y a otros. Se dieron órdenes para inventar una narrativa falsa de supuesta interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, a pesar del hecho de que todo mundo sabía que la evidencia no sustanciaba esas afirmaciones. El informe del Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes del 18 de septiembre del 2020, que Gabbard hizo público el 23 de julio, no deja dudas de que así fue.

Lo que hasta ahora Gabbard no ha mencionado, aparte de una referencia limitada al "expediente Steele", es el papel que jugó la inteligencia británica en la fabricación del cuento del Rusiagate, y el papel que jugaron individuos clave como por ejemplo el director del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por su siglas en inglés) Robert Hannigan; el jefe del MI6 Richard Dearlove; el ex Primer ministro Tony Blair, y otros.

Es imperativo que quienes están trabajando para llegar al fondo de esta operación entiendan que, lo que constituyó una traición por el "Rusiagate", no fue simplemente el deseo de perjudicar a un Presidente entrante, sino que los estadounidenses involucrados, desde el Presidente Obama y John Brennan, director de la CIA, hasta burócratas de los niveles más bajos, como Lisa Page y Peter Strzok, trabajaban, lo supieran ellos o no, a favor de los intereses de una potencia extranjera, el imperio británico, para dirigir a Estados Unidos hacia una guerra contra Rusia, que pone la vida de todo hombre, mujer, y niño de este planeta en un enorme peligro. Eso es un crimen peor que la traición.

Los verdaderos orígenes del Rusiagate:
La larga guerra del imperio británico contra Rusia

Los documentos desclasificados hasta ahora por la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, proporcionan pruebas verificables de un esfuerzo colaborativo —se podría decir “conspiración”— de altos funcionarios de la comunidad de inteligencia estadounidense para fabricar una narrativa con el fin de determinar el resultado de las elecciones de 2016. Cuando no lograron derrotar a Donald Trump en las urnas con su cuento de la injerencia rusa para elegirlo, inventaron una historia cada vez más descabellada y falsa sobre agentes rusos que se confabularon con Trump para derrotar a Hillary Clinton.

Esto fue dirigido no solo por la animadversión hacia Trump, sino por la intención de impedir que revirtiera la política posterior a la Guerra Fría de tratar a Rusia como un adversario al que había que aislar y rodear de vecinos hostiles integrados en la OTAN. El golpe de Estado de Maidán en Ucrania en febrero de 2014, dirigido por el gobierno de Obama en connivencia con neoconservadores de ambos partidos, formaba parte de esta estrategia. Como se documenta en el artículo del New York Times del 29 de marzo de 2025 titulado “The Secret History of the War in Ukraine” (La historia secreta de la guerra en Ucrania), el golpe fue seguido inmediatamente por un aumento de las capacidades militares de Ucrania, llevado a cabo conjuntamente por las fuerzas armadas estadounidenses y la CIA. El artículo del New York Times informó que la planificación de la guerra contra Rusia estaba coordinada por funcionarios estadounidenses en Wiesbaden, Alemania.

Los británicos también llevaron a cabo un despliegue militar, la Operación Orbital, para entrenar y apoyar a las Fuerzas Armadas de Ucrania, que se inició en 2015. Desde el momento del golpe de Maidán, pasando por el despliegue del Primer ministro británico Boris Johnson, en abril de 2022 —para transmitir la orden al Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, de romper el borrador del tratado negociado con Rusia— hasta los actuales preparativos para la guerra contra Rusia, los británicos han desempeñado un papel destacado

El papel de Gran Bretaña en el Rusiagate

Dado el historial de la obsesión del imperio británico por contrarrestar la influencia rusa, no debería sorprender encontrar una mano británica en las operaciones posteriores al golpe de Maidán. Esta historia incluye el “Gran Juego” de los despliegues británicos contra Rusia a partir de mediados del siglo 19, que dio lugar a la guerra de Crimea y a las campañas militares en Afganistán. La doctrina geopolítica de Halford Mackinder a principios del siglo 20, que estaba dirigida contra el papel de Rusia en Eurasia, continuó en este siglo. La visión de Mackinder se incorporó a la doctrina estratégica estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial y se consolidó aún más con Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, quienes coordinaban la política estadounidense con la inteligencia británica, trabajando en estrecha colaboración con Chatham House. Brzezinski lo convirtió en un tema central, con sus provocaciones antisoviéticas en Afganistán y cuando identificó a Ucrania como el eje central para la intervención contra Rusia al final de la Guerra Fría.

Sin embargo, se ha pasado por alto en general el papel de Gran Bretaña en los esfuerzos por socavar el propósito del Presidente Trump de normalizar las relaciones con Rusia.

Aquí presentamos dos hilos principales entrelazados para investigar el papel británico en la conformación del ataque contra Estados Unidos y Rusia antes y después de la elección de Trump en 2016.

1. El primer hilo se refiere a las advertencias de Robert Hannigan, director de la agencia británica de inteligencia cibernética, GCHQ, sobre la interferencia rusa. Hannigan, experto en ciberseguridad que entró al servicio del gobierno como asesor de seguridad nacional del Primer ministro británico Tony Blair, llegó a la dirección del GCHQ en 2014. En junio de 2015, Hannigan informó de “contactos sospechosos” entre “personas que creemos que son agentes de inteligencia rusos” y asociados de Trump. Según el diario londinense The Guardian, los británicos consideraban que sus homólogos estadounidenses estaban “dormidos” en sus puestos. Un año más tarde, Hannigan viajó a Estados Unidos y se reunió con el director de la CIA, John Brennan. Esto no siguió el protocolo habitual, según el cual debería haber informado al almirante Mike Rogers, su homólogo al frente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés). ¿Se reunió Hannigan con Brennan debido al escepticismo que mostraba Rogers sobre las acusaciones de injerencia cibernética rusa? Los documentos publicados por Gabbard muestran que su agencia, el NSA, junto con el FBI, expresaron su “escasa confianza” en las evaluaciones de la CIA y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) de Clapper sobre las operaciones cibernéticas rusas contra las elecciones.

La guerra cibernética estuvo en el centro del Rusiagate, con las acusaciones de que los rusos hackearon las computadoras de la campaña de Clinton y filtraron los documentos a WikiLeaks y Rusia. La desclasificación de Gabbard reveló que no había pruebas que respaldaran esto, ¡pero sigue siendo un “tema de conversación” hasta hoy! La historia del hackeo ruso reúne dos hilos británicos: el papel de Hannigan y el despliegue de una red de agentes de diversas agencias estadounidenses y británicas, probablemente coordinada por el ex jefe del MI6, sir Richard Dearlove.

2. El papel que desempeñó sir Richard Dearlove merece un análisis más profundo. Operaba a través de una red de agentes con conexiones con el FBI y la CIA de Estados Unidos, que interactuaban con la inteligencia británica y conexiones con corporaciones privadas. Entre ellos se encontraban Christopher Steele, antiguo subordinado de Dearlove en el MI6; Stefan Halper, un veterano espía estadounidense que opera en los círculos académicos británicos; el oscuro Josef Mifsud; y Alexander Downer, ex Alto Comisionado australiano en Londres. Estos cuatro participaron en la fabricación de los cuentos falsos sobre el hackeo y las operaciones cibernéticas atribuidas a Rusia, y jugaron un papel fundamental en la investigación Crossfire Hurricane del FBI.

Dearlove tiene un largo historial de participación en las operaciones de guerra híbrida en las provocaciones anglo-estadounidenses contra Rusia. En 2003, Dearlove, en colaboración con el Primer ministro británico, Tony Blair, tuvo un papel central en la campaña de desinformación que alegaba que Iraq poseía “armas de destrucción masiva”, una evaluación falsa que fue fundamental para conseguir apoyo para la desastrosa guerra de Estados Unidos en Iraq.

Otro vínculo de la inteligencia estadounidense influenciado por Londres fue la ex directora de la CIA, Gina Haspel, que fue jefa de la estación de la CIA en Londres de 2008 a 2011, y luego nuevamente de 2014 a 2017.

Una mirada al papel británico debe incluir las actividades de la prensa diaria y los centros de expertos (“think tanks”) que han sido decisivos en la conformación de la narrativa antirrusa. The Economist, The Guardian y The Financial Times fueron algunos de los medios noticiosos que publicaron a diario noticias que adornaban la narrativa falsa. Un ejemplo extremo del sesgo antitrumpista de la prensa británica fue un artículo publicado en The Spectator el 21 de enero de 2017, titulado “Will Donald Trump be assassinated, ousted in a coup or just impeached?” (¿Será Donald Trump asesinado, derrocado en un golpe de Estado o simplemente enjuiciado?). El artículo se volvió a publicar el 31 de diciembre de ese mismo año.

Cabe destacar el informe elaborado por la Cámara de los Lores británica en diciembre de 2018, titulado “UK Foreign Policy in a Shifting World Order” (La política exterior del Reino Unido en un orden mundial cambiante) en el que se advierte que la reelección de Trump podría arruinar la “relación especial” mediante la cual los británicos manipulan la política estadounidense.

Estos ejemplos son solo la punta del témpano.

 

El plan de guerra de Gran Bretaña contra Rusia arrastra a Francia y a Alemania

Por Carl Osgood

(La versión completa de este informe se publicó en la edición del 8 de agosto de 2025 de Executive Intelligence Review).

En el transcurso de una semana en julio, el gobierno británico del Primer ministro Keir Starmer firmó un tratado de defensa con Francia, y luego otro con Alemania. Estos tratados, considerados en su conjunto y combinados con otras medidas adoptadas por el gobierno de Starmer desde principios de junio, son una indicación inequívoca de que el Reino Unido, junto con Alemania y Francia, se está preparando para una guerra a gran escala contra Rusia, que probablemente incluiría el uso de armas nucleares.

La fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, en sus comentarios durante la reunión del 18 de julio de la Coalición Internacional por la Paz, señaló que el tratado británico-alemán se llama Tratado de Kensington. “Kensington es una referencia al palacio y al papel de la reina Victoria”, dijo. El Canciller alemán Friedrich “Merz lo nombró así realmente, lo que demuestra que este Canciller es un insensato. El reinado de Victoria fue la época en la que los británicos planificaban activamente la Primera Guerra Mundial, principalmente contra Alemania, entre otros. Hacer esa referencia demuestra, sin lugar a dudas, que el Canciller Merz siente simpatía por el imperio británico, al que ahora se somete con gusto. Pero también es un acontecimiento extremadamente preocupante”.

El principal objetivo de los británicos es Rusia, pero, al igual que con la Triple Entente anterior a la Primera Guerra Mundial, las cosas podrían salir muy mal, incluso para aquellos que se unan a los británicos en esta marcha de la locura. “Ahora bien, creo que esto va a suceder, porque si Occidente sigue subiendo la apuesta, como con el nombramiento de Malcolm Chalmers como asesor estratégico del ministro de Defensa británico, esto debería alarmar a todo el mundo. Porque estas personas tienen la mentalidad de una crisis de los misiles en Cuba pero en esteroides”, como lo refiere Chalmers; “o están rompiendo el cristal de emergencia, simplemente rompiendo las reglas y saliendo totalmente de control. Ese será el momento en el que realmente estará en juego la existencia de la civilización”.

En mayo de 2022, Chalmers propuso de manera perversa en el Financial Times y en el Real Instituto de Servicios Unidos (RUSI, por sus siglas en inglés), que ocasionar una “crisis de los misiles cubanos con esteroides” contra Rusia, en el caso de que Ucrania tratara de apoderarse de Crimea, podría ser la mejor opción para obligar a Rusia a capitular. Chalmers admitió que “sería un momento de peligro extremo”, pero argumentó que “una crisis nuclear de este tipo podría facilitar a los líderes la adopción de compromisos difíciles”, que bajo circunstancias normales no considerarían.

El pasado 24 de marzo, Chalmers dijo a Shashank Joshi, editor de defensa de la revista imperial The Economist, que no veía ningún problema en que el Reino Unido lanzara un ataque nuclear contra Rusia desde uno de sus submarinos. Desestimó las objeciones de la Real Armada británica, de que, si el Reino Unido lanzara un ataque nuclear contra Rusia, revelaría la posición de sus submarinos estratégicos, lo que le permitiría a Rusia neutralizar toda la capacidad de disuasión nuclear del Reino Unido (hasta ahora basada solo en submarinos) en represalia. Eso es “chapuza”, dijo Chalmers. No hay que lanzar todos los misiles a la vez; bastaría con lanzar uno solo. Además, el ataque no tendría que ser contra una gran ciudad; se trataría de un “disparo de demostración” contra una base militar rusa, lo que evitaría las enormes bajas que supondría bombardear una gran ciudad. Chalmers se mostró de acuerdo con la afirmación de Joshi de que las fuerzas británicas no tendrían que utilizar armas nucleares de megatones, ¡bastaría con una del tamaño de las de Hiroshima o Nagasaki!

El Real Instituto de Servicios Unidos es el principal instituto de política militar de la monarquía británica, donde Chalmers fue subdirector durante 17 años; el 3 de julio anunció su traslado al Ministerio de Defensa para ocupar sus nuevos cargos de Asesor Estratégico del secretario de Defensa, John Healey, y jefe de Revisión y Desafíos del Ministerio de Defensa del Reino Unido. El anuncio fue otra señal de que el Reino Unido se está preparando de forma activa y metódica para una guerra nuclear contra Rusia, posiblemente la mayor potencia nuclear del planeta, con la idea criminalmente demencial de que se puede librar y ganar una guerra nuclear.

La última serie de documentos y tratados del gobierno británico con esa orientación, comenzó con la publicación, el 1º de junio, de la Revisión de la Defensa Estratégica del Ministerio de Defensa del Reino Unido, redactada por un grupo de expertos residido conjuntamente por el ex secretario general de la OTAN, lord George Robertson, el general sir Richard Barrons y Fiona Hill, la ciudadana británico-estadounidense “experta en Rusia” que asesoró al Presidente Trump en su primer gobierno. “Rusia está en guerra con Gran Bretaña; Estados Unidos ya no es un aliado fiable y el Reino Unido tiene que responder volviéndose más cohesionado y resistente”, declaró Hill a The Guardian el 6 de junio de 2025.

“Rusia se ha endurecido como adversario de una manera que probablemente no habíamos previsto del todo” dijo Hill, y alegó que Putin veía la guerra de Ucrania como un punto de partida para que Moscú se convierta en “una potencia militar dominante en toda Europa”. Como parte de ese esfuerzo a largo plazo, Rusia ya estaba “amenazando al Reino Unido de diversas maneras”, dijo; se refirió a supuestos “envenenamientos, asesinatos, operaciones de sabotaje, todo tipo de ciberataques y operaciones de influencia. Los sensores que vemos que están colocando alrededor de tuberías críticas, los esfuerzos por destrozar cables submarinos”.

La conclusión, según Hill, es que “Rusia está en guerra con nosotros”.

Moscú ha visto con malos ojos todo esto, pero los funcionarios rusos señalan que están tomando en cuenta todos estos acontecimientos en su planificación política y militar. En términos más generales, el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, en una rueda de prensa el 11 de julio en Kuala Lumpur, llamó la atención sobre lo que describió como las políticas militaristas del Canciller alemán Merz y las manifestaciones de nazismo en Europa. “Si Europa vuelve a seguir este camino, es lamentable. Lo tendremos plenamente en cuenta en todos los ámbitos de nuestra planificación”, dijo Lavrov.

 

Cronología del Rusiagate

A continuación presentamos una cronología de la creación y difusión de la narrativa falsa, dirigida en gran parte por el Reino Unido, sobre la interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. Cabe destacar la reunión de junio de 2016 entre el director de la CIA, John Brennan, y Robert Hannigan, director del GCHQ, así como el papel de Christopher Steele, antiguo jefe de la sección rusa del MI6 en Londres y autor del procaz “expediente Steele”, cuya falta de fiabilidad era conocida desde el principio. Para mayores detalles puede escanear el código QR al final de este capítulo.

(*) Indica la información documentada por los informes publicados por la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard.

 

2015

16 de junio: Donald Trump anuncia que se presenta a las elecciones presidenciales.

Verano: según Luke Harding, del diario londinense The Guardian, el equipo de ciberseguridad del GCHQ de Robert Hannigan fue el primero en detectar pruebas de “contactos sospechosos” entre “personas que creemos que son agentes de inteligencia rusos” y colaboradores de Trump.

2016

12 de junio: Julian Assange anuncia que WikiLeaks tiene correos electrónicos de Hillary Clinton y que los publicará.

14 de junio: Crowdstrike anuncia una “intrusión” cibernética en el servidor del Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés), con pruebas convenientemente dejadas en caracteres cirílicos.

20 de junio: el primer memorándum de Christopher Steele sobre los nexos entre Trump y Rusia se envía a la empresa Fusion GPS, de Glenn Simpson. Steele viaja luego a Roma para informar a un contacto del FBI.

Mediados de junio: el director del GCHQ, Hannigan, viaja a Washington, DC, y se reúne con John Brennan.

22 de julio: tres días antes de la convención del Partido Demócrata, WikiLeaks publica el primer lote de correos electrónicos del DNC.

26 de julio: Hillary Clinton aprueba una propuesta de uno de sus asesores de política exterior para “difamar a Donald Trump agitando un escándalo en el que se alega la interferencia de los servicios de seguridad rusos”, según la información de inteligencia revisada por la investigación del fiscal especial John Durham.

31 de julio: Peter Strzok, subdirector adjunto del FBI que trabaja en la división de contrainteligencia, escribe el memorándum que da inicio a la investigación sobre la colusión rusa, Crossfire Hurricane. Strzok afirma que recibió instrucciones del entonces subdirector del FBI, Andrew McCabe, para hacerlo.

3 de agosto: El director de la CIA, John Brennan, informa al Presidente Obama en la Casa Blanca sobre la implicación de Rusia en las elecciones estadounidenses. También están presentes el director del FBI, James Comey, el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, y el vicepresidente Joe Biden. Brennan le dice a Obama que Hillary Clinton está planeando crear un escándalo que vincule a Trump con Rusia.

31 de agosto*: Evaluación de un funcionario del Departamento de Seguridad Nacional al director de Inteligencia Nacional (DNI), Clapper: “Estamos trabajando con la CIA en la presentación de un PDB [informe diario del presidente] sobre la amenaza. La conclusión del análisis es que no hay indicios de una amenaza rusa para manipular directamente la cuenta de los votos mediante medios cibernéticos...”.

2 de septiembre*: Un analista de inteligencia del FBI envía un correo electrónico a la Oficina del DNI en el que afirma que el FBI se siente “incómodo” diciendo que “Rusia tiene la intención de perturbar nuestras elecciones” y pide que se “suavice” el lenguaje sobre las motivaciones de Rusia en un borrador de documento. El analista del FBI afirma que la agencia no quiere “inducir a error al lector haciéndole creer que la comunidad de inteligencia dispone actualmente de información que indique que Rusia tiene la intención conocida de influir en las elecciones”.

7 de septiembre: Funcionarios de la CIA envían una remisión a Comey y Strzok, del FBI, sobre la propuesta de la campaña de Clinton de crear un escándalo que vincule a Trump con Rusia.

9 de septiembre*: El autor principal del PDB afirma: “Estamos de acuerdo con que Rusia probablemente no está (ni va a) intentar [sic] influir en las elecciones utilizando medios cibernéticos para manipular la infraestructura electoral computarizada”.

12 de septiembre: Las agencias de inteligencia distribuyen un borrador de la Evaluación de la Comunidad de Inteligencia (ICA, por sus siglas en inglés) que no encuentra que Rusia tuviera ninguna intención de ayudar a Trump de ninguna manera.

22 de septiembre: Steele se reúne en Washington, DC, con una serie de periodistas, entre ellos algunos del New York Times, para difundir cuentos sobre Trump y Rusia.

8 de noviembre: Día de las elecciones: Trump derrota a Clinton en una sorpresa inesperada.

5 de diciembre: Primera sesión informativa después de las elecciones, para la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, sobre la “injerencia” rusa en las elecciones, a cargo de un alto funcionario de la Dirección de Inteligencia Nacional (DNI, por sus siglas en inglés). El informe no incluyó la opinión de que Putin tuviera la intención de ayudar a Trump a ganar.

7 de diciembre*: Los puntos centrales del director de Inteligencia Nacional, Clapper, incluyen: “Consideramos que los adversarios extranjeros no utilizaron ciberataques contra la infraestructura electoral para alterar el resultado de las elecciones presidenciales de este año” y “No tenemos pruebas de manipulación cibernética de la infraestructura electoral con la intención de alterar los resultados”.

8 de diciembre*: Funcionarios de la comunidad de inteligencia preparan una evaluación para el informe diario del Presidente, en la que concluyen que Rusia “no influyó en los resultados de las recientes elecciones estadounidenses” mediante ciberataques a la infraestructura. Antes de que llegara al Presidente, fue retirada abruptamente “en base a nuevas directrices”. Esta evaluación de inteligencia original nunca se publicó.

9 de diciembre*: El presidente Obama convoca una reunión en la Sala de Situación de la Casa Blanca a la que asisten John Brennan, James Clapper, James Comey, Susan Rice, Victoria Nuland, Avril Haines, Loretta Lynch, el general Joseph Dunford y otros, en la cual se dan instrucciones para crear una nueva evaluación de inteligencia que afirme que Rusia interfirió en las elecciones de 2016, a pesar de las contradicciones con las evaluaciones de inteligencia anteriores.

9 de diciembre*: Según un informe del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes recientemente desclasificado (2020), Brennan ordenó a los cinco analistas de la CIA que él mismo seleccionó, que redacten el primer borrador de la evaluación “para respaldar las afirmaciones de que Putin aspiraba a ayudar a Trump a ganar”, a pesar del desacuerdo de numerosos agentes de inteligencia.

9 de diciembre*: Las primeras filtraciones de la nueva evaluación aparecen en el Washington Post: “La CIA ha concluido en una evaluación secreta que Rusia intervino en las elecciones de 2016 para ayudar a Donald Trump a ganar la presidencia, y no solo para socavar la confianza en el sistema electoral estadounidense, según funcionarios informados sobre el asunto”.

28 de diciembre: Con base en las acusaciones de “injerencia” de Moscú en las elecciones, el Presidente Obama impone sanciones a Rusia y expulsa a 35 de sus diplomáticos.

29 de diciembre*: El subdirector de análisis de la CIA escribe un correo electrónico a Brennan advirtiéndole que incluir información del poco fiable expediente Steele en la ICA (Evaluación de la Comunidad de Inteligencia) pone en riesgo “la credibilidad de todo el documento”. Contrariamente a sus posteriores negativas, como las expresadas durante una entrevista a puerta cerrada con la Comisión de Inteligencia del Senado en 2018, Brennan insistió en su inclusión.

29 de diciembre: Obama intensifica sus acusaciones y afirma que el GRU (servicio de inteligencia militar ruso) hackeó las computadoras del DNC y que, por lo tanto, fue la fuente de los archivos publicados por WikiLeaks y otras plataformas.

2017

3 de enero: El senador Charles Schumer, en el programa de Rachel Maddow, advierte a Trump que se alinee: “Déjeme decirle algo: si se enfrenta a la comunidad de inteligencia, ellos tienen mil maneras de vengarse”.

5 de enero: Le informan al Presidente Obama que el propio Presidente Vladimir Putin autorizó directamente el hackeo del GRU a las computadoras del DNC.

6 de enero*: Se publican las versiones definitivas de la nueva ICA ordenada por Obama y Brennan (y probablemente por el GCHQ). Los responsables de inteligencia informan a Trump sobre las conclusiones. El informe incluye el expediente Steele, como parte de un apéndice clasificado de la ICA.

 

El partido de la guerra es una obscenidad:
La real impronta británica en
el caso “Epstein” y el “Rusia-Gate”

El ingenioso oficial de inteligencia estadounidense Edgar Poe (1809-1849) resolvió en 1842 el asesinato de una mujer de Nueva York llamada Mary Rogers. Presentó sus conclusiones en un relato titulado “El misterio de Marie Rogêt”. Poe afirma que la obra “fue compuesta lejos del lugar de los hechos y sin más medios de investigación que los que proporcionaban los periódicos... No obstante, tal vez no sea impropio señalar que las confesiones de dos personas, realizadas en diferentes momentos, mucho después de la publicación, confirmaron plenamente no solo la conclusión general, sino absolutamente todos los principales detalles hipotéticos que llevaron a dicha conclusión”. Si Poe hubiera vivido en la época actual, habría ignorado la plaga de “demasiada información” que domina la Internet y habría ridiculizado los métodos de investigación, si es que pueden llamarse así, que se han utilizado para ocultar la verdad, tanto en el caso Rusia-Gate como en “el caso Epstein”. En nuestro mundo y en nuestra época, inundados por el enorme basurero electrónico de “demasiada información”, los “relatos de raciocinio” de Edgar Poe, que revelan el verdadero método por el que se podrían resolver fácilmente crímenes como el Rusia-Gate y “el misterio de Jeffrey Epstein”, son ignoradas, del mismo modo en que se malinterpreta intencionadamente el gran logro intelectual y político conocido como la Revolución Americana, que dio origen a Edgar Poe.

Las importantes revelaciones de la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard sobre el engaño del Rusia-Gate representan mucho más que una ruptura con la “normalidad” en Washington. Se le debe apoyar, no solo para llevar a la justicia a los traidores de los gobiernos de Obama (¡y Bush!), sino para revelar al verdadero enemigo de Estados Unidos y de la humanidad en su conjunto: el imperio británico, que en mayo de 1945, en un documento titulado “Operación Impensable”, elaboró planes para una guerra preventiva inmediata contra la Unión Soviética, que comenzaría en julio de 1945, dos meses después del fin de la guerra en Europa y un mes antes de que se lanzaran las armas nucleares sobre Japón. En palabras de ese informe, “el objetivo general o político es imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y del imperio británico”. Esto significaba que se utilizarían armas nucleares contra la Unión Soviética, ya fuera en 1945 o tan pronto como fuera posible después. Como se informa en otra parte de este Informe especial, esa es la intención, ahora, en 2025, de las fuerzas financieras y de inteligencia británicas —que son lo mismo— hacia Rusia y China, en busca de la “victoria final” en lo que los británicos han llamado durante siglos “el Gran Juego”.

En octubre de 2008, la embajadora de Estados Unidos en Kirguistán, Tatiana Gfoeller, se encontró en Bishkek, capital de Kirguistán, en una tensa confrontación con el príncipe Andrew de Gran Bretaña, ahora infame y rechazado a causa del “misterio de Jeffrey Epstein”. Cuando la embajadora Gfoeller protestó contra la idea de que la política del “Gran Juego” debiera ser el modelo para la política en Asia Central, “el príncipe Andrew... afirmó sin rodeos que el Reino Unido, Europa Occidental (y, por extensión, también ustedes, los estadounidenses) habían vuelto a sumergirse de lleno en el Gran Juego. Más animado que nunca, declaró con arrogancia: ‘¡Y esta vez pretendemos ganar!’”. Se sabe que Andrew, hasta su desgracia, fue parte integral del comercio internacional de armas del imperio.

Uno de los primeros patrocinadores de Jeffrey Epstein, a mediados de la década de 1980, fue el difunto “contratista de defensa” británico Douglas Leese, uno de los principales artífices de Al-Yamamah, uno de los mayores negocios de armas en la historia. Según se informó, Leese presentó a Epstein a Robert Maxwell y le describió a Epstein al estafador convicto Steven Hoffenberg, otrora propietario del New York Post, de la siguiente manera: “El tipo es un genio, es genial vendiendo valores. Y no tiene brújula moral”.

Este es el rostro y el alma de los líderes y lacayos del Partido de la Guerra. Tanto “El misterio de Jeffrey Epstein” como “el misterio del Rusia-Gate”, tal y como se han informado, han sido hasta ahora desviaciones de la verdad. La verdad es que el viejo orden colonial-imperial ha muerto y nunca podrá revivirse. Sin embargo, el Partido de la Guerra no lo acepta y pretende imponer su voluntad a la humanidad, ya sea sometiéndola o destruyéndola en una guerra termonuclear. “Epstein” y “Rusia-Gate” son lo mismo. De hecho, varios de los actores de ambos casos son los mismos. “Imponer nuestra voluntad” a la humanidad, ya sea la destrucción impasible de naciones o la destrucción despiadada de niños inocentes, tiene su origen en la misma visión nietzscheana de la humanidad. Cuando se combinan las dos, como en Gaza, ocasionando que las víctimas del Holocausto cometan el mismo crimen definitivo contra los palestinos, “esa es la corrupción más exquisita”. Edgar Poe describió a la perfección al Partido de la Guerra: “No son ni hombres ni mujeres, no son ni bestias ni humanos; son cadáveres pestilentes, separados de sus almas”.

 

Documentación del sitio web del DNI

www.dni.gov/ files/ODNI/ documents/DIG/ DIG-Russia-Hoax- Memo-and-Timeline_revisited.pdf