Estados Unidos a los 250 años: ¿Acudiremos ahora, como hicimos una vez, en socorro de nuestro país?
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9 de junio de 2026 — No debemos permitir que este 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos se trivialice o que se lo apropie una normalización del mal. Un combate de lucha libre en el jardín de la Casa Blanca, que ahora está previsto que se realice el Día de la Bandera, este domingo 14 de junio, es exactamente lo contrario de la imagen de Estados Unidos que el mundo necesita ver. ¿Qué podría estar más alejado del proceso de reflexión histórica que se estaba llevando a cabo en Filadelfia, precisamente en este mismo momento, hace 250 años?
La sesión del Congreso Continental de junio y julio de 1776 constituyó el proceso de deliberación más intenso sobre los principios del autogobierno que haya tenido lugar en la historia, al menos desde la época de Atenas, dos mil años antes. Quizás deberíamos convocar un Congreso Transcontinental sobre los Derechos Inalienables del Hombre que revise, resucite y emule debidamente el verdadero espíritu de la Revolución Americana, que, en estos momentos, atraviesa su hora más oscura. Entonces, ¿qué podría ser más irrespetuoso, no solo hacia Estados Unidos, sino hacia la propia humanidad, que el combate de lucha libre del 14 de junio en la Casa Blanca?
En lugar del espantoso espectáculo que han propuesto para el jardín de la Casa Blanca, ¿por qué no convocamos al pueblo estadounidense, como se les convocó al Monumento de Lincoln en el Domingo de Pascua de 1939, cuando la grandiosa contralto Marian Anderson cantó “My Country, ‘Tis of Thee”, ante 75.000 personas, luego de haber sido excluida del Constitution Hall debido al color de su piel? Esa es la belleza del Estados Unidos que creó la Declaración de la Independencia.
Nosotros, el pueblo estadounidense, somos mejor que esto. Esta gran ocasión amerita más que una gran celebración. Exige que rechacemos la actual política anglo-estadounidense imperial de guerra, una política que muy pronto va a llevar a Estados Unidos a la quiebra, y pronto sumirá al mundo en una guerra termonuclear. Clama por que se sustituya los espectáculos carnavalescos de “pan y circo” con ceremonias para celebrar los derechos inalienables de toda la humanidad.
El 4 de julio de 1821, John Quincy Adams, heredero de la Revolución Americana, y entonces secretario de Estado de Estados Unidos, dio un gran discurso. Dijo que Estados Unidos no sale al extranjero, en busca de monstruos que destruir:
Sabe muy bien que al alistarse bajo otras banderas que no son las suyas, aunque estas fuesen banderas de la independencia en el extranjero, se vería envuelta en una situación de la que no podría zafarse, en todas las guerras de intereses e intrigas, de avaricia individual, envidia, y ambición, que asumen los colores y usurpan el concepto de libertad... Podría convertirse en el dictador del mundo: ya no sería el gobernante de su propio espíritu.
El Papa León XIV ha dicho en su reciente encíclica, Magnifica Humanitas, “Algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos: el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del apartheid en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio”. Debemos tomar en serio al Papa León XIV, y hacer ese cambio ahora.
El 17 de mayo del 2023, Helga Zepp-LaRouche emitió un “¡Llamado urgente de ciudadanos e instituciones de todo el mundo al (próximo) Presidente de EU!”. En este se afirma que “Nosotros, los abajo firmantes, manifestamos nuestra esperanza de que el (próximo) Presidente de Estados Unidos encuentre en sí mismo la grandeza de adoptar el punto de vista que expresó el Presidente Kennedy en su histórico discurso” (el 10 de junio de 1963 en la American University). El gobierno de Trump rechazó esto. La campaña presidencial independiente de Diane Sare, y la campaña al Congreso de Estados Unidos de José Vega, encarnan y aspiran a esa esperanza.
No debemos rendir nuestro futuro ante la normalización del mal. En las próximas semanas, debe haber lecturas de la Declaración de Independencia en todos los pueblos y ciudades de nuestra nación. Las palabras de John Quincy Adams a Estados Unidos hace 205 años deberían guiar nuestra política exterior en estos momentos.
¡No a las guerras imperialistas! ¡No a salir a cazar monstruos que conquistar! En este momento en que nos encontramos a las puertas de una guerra mundial, estamos llamados a proclamar la independencia de los 500 años de colonialismo y a defender la dignidad de la Humanidad, tal y como se hizo el 4 de julio de 1776.
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