Firma en apoyo a la exoneración de Lyndon LaRouche
El 27 de enero de 1989, Lyndon H. LaRouche, Jr., entonces cuatro veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, fue esposado y conducido a prisión en Alexandria, Virginia. Tres años antes, un nutrido grupo de 400 agentes de las fuerzas del orden y de los servicios de inteligencia rodeó la casa de LaRouche a primera hora de la mañana, acompañados por varios equipos de televisión que, "casualmente", estaban recorriendo la campiña de Virginia en busca de noticias a las 6 de la mañana de un luminoso día de octubre.
El acoso y el posterior encarcelamiento de Lyndon LaRouche fueron planeados por sus enemigos, entre los que se encontraban, Henry A. Kissinger, William Weld, George Bush padre y sus controladores en Londres, con el objetivo de acabar definitivamente con la carrera política del estadista y economista más brillante de Estados Unidos, así como de fracturar la asociación internacional de LaRouche.
En cuestión de meses, más de una docena de los principales colaboradores de LaRouche fueron encarcelados, con la clara intención de garantizar que LaRouche nunca volviera a aparecer y de enviar un mensaje a cualquier ciudadano estadounidense que se atreviera a aspirar a la presidencia sin el permiso de la élite global.
LaRouche estuvo en la cárcel por cinco años, de una sentencia de quince años. Algunos de sus asociados, notablemente Michael Billington, y Paul y Anita Gallagher, recibieron sentencias mucho más severas.
Ramsey Clark, ex Fiscal General de Estados Unidos, aceptó el caso LaRouche en la apelación. Más tarde señaló que el caso había mostrado "la más amplia gama de conductas dolosas deliberadas, atropellos sistemáticos y de abuso de poder, en el período más prolongado que en cualquier otro procesamiento federal incoado en mi vida o que yo conozca, en un esfuerzo por destruir un movimiento político y a un dirigente". A pesar de esto, ni Lyndon LaRouche, ni sus asociados, nunca fueron exonerados.
Ahora muchos estadounidenses reconocen que la presidencia de Estados Unidos fue secuestrada
Desde entonces hasta su muerte en 2019, Lyndon H. LaRouche, Jr. desafió de manera única y contundente a esta camarilla dirigida por el imperio británico, presentándose a las elecciones presidenciales nada menos que ocho veces, en un esfuerzo por defender un modelo de presidencia estadounidense ejemplificado por John Quincy Adams, Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt.
La supresión de LaRouche y el silenciamiento de sus ideas ha tenido consecuencias trágicas para el mundo:
- Los programas de LaRouche para sustituir el saqueo mortífero de Wall Street y la City de Londres por un Nuevo Orden Económico Mundial justo, basado en el desarrollo global y de alta tecnología, no se aplicaron, lo que condenó a cientos de millones de personas en todo el mundo a seguir viviendo en la pobreza y a decenas de millones a perecer innecesariamente. Solo hasta que China adoptó recientemente programas muy similares a los que propuso LaRouche hace 50 años, se ha detenido ese genocidio al menos en gran parte del planeta.
- La propuesta de la Iniciativa de Defensa Estratégico (SDI, por sus siglas en inglés) de LaRouche, adoptada y propuesta por el Presidente Ronald Reagan en 1983, fue saboteada y no se llegó a implementar; por esto, el mundo actual se encuentra desde entonces al borde de una confrontación termonuclear.
- La propuesta de LaRouche para la cooperación entre Oriente y Occidente después de la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania —que LaRouche pronosticó en octubre de 1988— fue rechazada, y en consecuencia Rusia fue devastada y Occidente saqueado bajo los mandatos de Thatcher, Bush y Mitterrand. Desataron una serie de guerras sin fin, que siguen entre nosotros todavía hoy.
- La guerra propuesta por LaRouche contra el aparato bancario que opera a la sombra de "Narcotráfico S.A." de Londres, nunca se llevó a cabo, lo que condujo a la epidemia de drogas que hoy envenena a nuestra nación y al mundo.
- Las propuestas de LaRouche para echar a andar un Renacimiento de la cultura clásica y de la ciencia clásica, se dejó de lado; ahora nos encontramos ante el abismo infernal de una Nueva Era de Tinieblas que está envolviendo a nuestra juventud en particular.
Ya es tiempo de reparar el daño causado al encarcelar a Lyndon laRouche hace más de tres décadas, no solo porque se cometió un espantosa injusticia contra LaRouche, sino porque esa injusticia ha envalentonado al imperio británico y a sus subordinados a utilizar los mismos métodos no solo contra un Presidente de Estados Unidos en ejercicio, sino también contra cualquier otro dirigente que desafíe sus objetivos militares y económicos que actualmente ponen en peligro a toda la humanidad.
Junto con las sorprendentes divulgaciones de Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional (DNI por sus siglas en inglés), sobre los delitos cometidos por este mismo aparato en la operación "Rusiagate", la exoneración plena de Lyndon LaRouche sería el catalizador único para desmantelar de una vez por todas a este enemigo mortal que ha mantenido como rehén a la presidencia de Estados Unidos durante décadas.
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