¡Sálganse de la OTAN! La nueva Estrategia de Seguridad Nacional requiere una Nueva Arquitectura de Seguridad

Statement by Helga Zepp-LaRouche, Dec. 8 2025

Por Helga Zepp-LaRouche, 8 de diciembre de 2025

Aunque la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, publicada recientemente, fue recibida por algunos círculos dirigentes de Europa con una mezcla de rechinar de dientes, rabietas y desesperación, debe considerarse, dadas las circunstancias, que ha provocado de manera útil una crisis que se esperaba desde hacía mucho tiempo. Representa una ruptura con la doctrina de seguridad del gobierno de Biden respecto al liderazgo de Estados Unidos en un orden mundial unipolar, a favor de una política más equilibrada hacia Rusia. Pero, al mismo tiempo, aboga por la estrategia perdedora de tratar de contener a China y, en particular, detener su cooperación económica con las naciones del Sur Global, especialmente en el hemisferio occidental. En las condiciones actuales de una crisis financiera del sistema transatlántico, el nuevo documento ha creado la oportunidad de reevaluar racionalmente los intereses de seguridad propios y rediseñar la arquitectura de seguridad internacional.

El documento prohíbe expresamente una mayor expansión de la OTAN, lo que descarta de facto la adhesión de Ucrania a la OTAN, ya que la mentada “coalición de los dispuestos” no puede imponer dicha adhesión en contra de la voluntad de Estados Unidos. También pone fin de manera efectiva al concepto de una “OTAN global”, así como a la “interoperabilidad” de la Unión Europea (UE) con esta OTAN global.

En vez de resoplar y rabiar porque no necesitan “consejos desde afuera”, como dijo el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Johann Wadephul, los europeos harían mejor en tomarse en serio la dura llamada de atención que contiene el documento de la NSS, a saber, que el continente europeo será irreconocible dentro de 20 años si continúan las actuales tendencias de declive económico. Incluso advierte de una “desaparición de la civilización”.

El mayor error que podríamos cometer ahora mismo en Europa sería descartar con arrogancia esta advertencia como si fuese una prueba más de la imprevisibilidad del Presidente Trump. Porque la “desaparición de la civilización” europea es una amenaza no solo por la continuación de la actual política económica —austeridad masiva en todas las áreas sociales en provecho de una industria armamentística sin escrúpulos— sino, lo que es aún más inminente, por el intento absolutamente irresponsable e imposible de infligir una “derrota estratégica” a Rusia.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ofrece una oportunidad muy necesaria para abandonar la OTAN, ya que esta persigue una estrategia que desde hace tiempo no se corresponde con nuestros intereses fundamentales en materia de seguridad. La OTAN debió haberse disuelto desde el final de la Guerra Fría, tal como se disolvió el Pacto de Varsovia en 1991, en favor de un orden de paz para el siglo 21 que habría sido totalmente posible en ese momento. En cambio, la OTAN se transformó de una alianza defensiva a una alianza ofensiva. La gota que derramó el vaso fue cuando el oficial militar de más alto rango de la OTAN, el almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del Comité Militar de la OTAN, pidió en una entrevista una “respuesta más agresiva de la OTAN a la guerra en Ucrania”. Dijo que también era concebible un “ataque preventivo” contra Rusia, lo que, por supuesto, podría considerarse una “acción defensiva”. ¿Alguien se acuerda de George Orwell? “¡El ataque es la defensa, la guerra es la paz!”.

El Presidente Putin respondió con inequívoca claridad que Rusia no tenía intención de iniciar una guerra con Europa. Él ya lo había subrayado cientos de veces. Sin embargo, añadió que si Europa iniciara una guerra de este tipo, Rusia estaría “inmediatamente preparada” y el conflicto terminaría muy rápidamente a favor de Rusia, a diferencia del enfoque “quirúrgico” utilizado en Ucrania. El politólogo ruso Serguéi Karaganov fue aún más directo en una entrevista con Eva Peli el 30 de octubre en Moscú, al afirmar que si estallara una guerra importante en Europa, Europa dejaría de existir.

Mientras los gobiernos de Estados Unidos y de Rusia llevan a cabo serios esfuerzos para poner fin a la guerra mediante negociaciones, la “coalición de los dispuestos” en Europa, formada por Alemania, Francia, Gran Bretaña, Polonia, los Estados Bálticos y la Comisión Europea, sigue enfocada en infligir una “derrota estratégica” a Rusia. Cualquier persona sensata debe tener claro que es imposible hacer esto contra la que es ahora la potencia nuclear más fuerte del mundo, a menos que se esté dispuesto a aceptar el fin de la humanidad. Luego de la reciente reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN en Bruselas, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, acusó a esas fuerzas europeas de intentar impedir los esfuerzos de paz y arrastrar a Europa a una guerra con Rusia. El Primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, llegó a advertir el sábado (6 de diciembre) en Kecskemét, Hungría, que los líderes europeos ya habían decidido entrar en una guerra contra Rusia y que una nutrida delegación húngara visitará Moscú en los próximos días.

A pesar de que en Alemania, toda declaración sobre la guerra en Ucrania debe repetir el mantra de que se trata de “una guerra de agresión no provocada, por Putin, que viola el derecho internacional” para evitar ser tachado de títere de Putin, la opinión casi unánime en todo el Sur Global y entre expertos estadounidenses como Jeffrey Sachs, John Mearsheimer, Ray McGovern, Chas Freeman y muchos otros, es que fue la expansión de la OTAN en 1.000 km hacia el este, en cinco ocasiones—contrariamente a la promesa hecha al final de la Guerra Fría de no expandir la OTAN “ni un centímetro” hacia el este— lo que desencadenó la guerra. A principios de 2022, los sistemas de armas ofensivas cerca de la frontera rusa habían creado efectivamente una crisis de los misiles cubanos a la inversa, y los pedidos de Putin de obtener garantías de seguridad legalmente vinculantes fueron simplemente ignorados.

La guerra pudo haber terminado en marzo de 2022 con el Acuerdo de Estambul entre Putin y Zelenski, que fue saboteado de forma notoria por Boris Johnson. Ahora, tras casi cuatro años de guerra agotadora y la pérdida de millones de vidas, no se puede negar lo que el ex inspector general de las Fuerzas Armadas de Alemania y ex presidente del Comité Militar de la OTAN, Harald Kujat, ha subrayado repetidamente: que Ucrania nunca ha estado en condiciones de cambiar la situación estratégica, y mucho menos ahora, cuando secciones enteras del frente se están derrumbando, cuando las tropas de primera línea y los conscriptos forzados están desertando en masa, y cuando los expertos militares internacionales discuten abiertamente el hecho de que la guerra se ha perdido. En esta situación, que el oficial de más alto rango de la OTAN hable de ataques preventivos es sumamente irresponsable y equivale a un llamado al suicidio colectivo.

En los casi cuatro años que ha durado esta guerra de desgaste, ni la Comisión Europea ni los jefes de Estado europeos han hecho ningún intento de poner fin a la guerra mediante negociaciones. Por el contrario, cuando en marzo de 2022 se acordó prácticamente una solución diplomática entre Putin y Zelenski con el Acuerdo de Estambul, tanto Europa, como por supuesto el entonces Presidente Biden, observaron en silencio cómo Boris Johnson echaba por tierra la oportunidad. Ahora, cuando existe una perspectiva justificada de que Trump y Putin puedan poner fin a la guerra y normalizar las relaciones entre las dos mayores potencias nucleares, ¡la OTAN habla de ataques preventivos!

La OTAN ya no es una alianza de defensa atlántica, sino que se considera el brazo militar para defender el orden mundial unipolar que se ha procurado desde el final de la Guerra Fría. Pero ese orden ha sido sustituido desde hace tiempo por la asociación entre los países del Sur Global, que ya no están dispuestos a someterse a las estructuras imperiales y coloniales del Occidente colectivo, sino que están construyendo un nuevo orden económico mundial con sus organizaciones como el BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), basado en la soberanía y el desarrollo mutuo e igualitario. No debemos oponernos a este nuevo orden mundial, que pone fin a 500 años de colonialismo y permite a las naciones de la Mayoría Global superar por primera vez la pobreza y el subdesarrollo. Más bien debemos cooperar con estos países y ¡abrir así un nuevo capítulo en la historia de la humanidad!

En estos tiempos de cambios trascendentales, hay varias crisis regionales que tienen el potencial de escalar hasta convertirse en una guerra a gran escala. Luego de la catástrofe que se está produciendo en Oriente Medio, recientemente ha estallado una nueva y muy peligrosa escalada entre Japón y China. Ahora que la Primera ministra Sanae Takaichi ha cuestionado la política de “una sola China” —que lo es indiscutiblemente según el derecho internacional— e incluso ha planteado la posibilidad de una intervención militar japonesa en Taiwán, ha crecido la preocupación en toda la región indopacífica por el resurgimiento del militarismo en Japón, que es muy similar al que está sucediendo en Europa, y evoca los recuerdos más terribles de la acción conjunta de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, responsable de 27 millones de muertes en la Unión Soviética y 35 millones de víctimas en China.

Si hemos aprendido algo de las dos guerras mundiales, ahora es el momento de retomar el camino que dejamos a finales de la Guerra Fría, cuando tomamos un rumbo equivocado. En aquel momento, ya no había enemigos, por lo que habría sido muy fácil establecer un nuevo orden internacional de paz. Hoy, 35 años después, es evidente la total falacia de la arrogante y efímera predicción del “fin de la historia”, así como el enorme efecto búmeran del intento de establecer un orden mundial unipolar.

Alemania, y cualquier otro país miembro, debe anunciar su salida de la OTAN y, al mismo tiempo, convocar una nueva conferencia en la tradición de la Paz de Westfalia, en la que se debe desarrollar una nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo que tenga en cuenta los intereses de todas las naciones del planeta.

El Presidente de China, Xi Jinping, ya ha propuesto un enfoque similar con su Iniciativa de Gobernanza Global. El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, también ha planteado la idea de una arquitectura de seguridad euroasiática. También hay esperanza porque los jóvenes de Alemania están participando en una huelga escolar, ya que no quieren servir como carne de cañón ni disparar a la gente en países extranjeros.

Hemos llegado a un punto en la historia universal de la humanidad en el que debemos dejar atrás no solo medio milenio de colonialismo, sino también la mentalidad que condujo a dos guerras mundiales en el siglo 20: la geopolítica. Debemos dejar atrás, de una vez por todas, la idea bárbara de que siempre necesitamos un enemigo, de que el hombre es el lobo del hombre, como creía Thomas Hobbes, el ideólogo del imperio británico. Esta visión bárbara de la humanidad se expresa en el vídeo promocional de la OTAN “From Foresight to Warfight” (De la previsión a la guerra), que afirma: “La guerra seguirá siendo siempre una actividad humana esencial, la manipulación de las emociones y los acuerdos será tan importante como negar el acceso a nuestro espacio, la mente humana será un campo de batalla por derecho propio”. Cualquiera que vea este video y no rechace esta enfermiza visión del mundo ya ha perdido la batalla por su propia mente.

Somos la única especie conocida en el universo que está dotada de razón creativa, y ahora debemos utilizarla poniendo en primer lugar la idea de una sola humanidad mientras establecemos un nuevo orden.